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En la parte anterior de esta publicación platiqué del primer periodo comprendido dentro del canon de la música clásica, el Barroco. La historia se mueve como un péndulo, en ocasiones las tendencias y corrientes se mueven hacia un lado y en la siguiente etapa se mueven hacia el lado contrario; este tipo de cambios contrastantes los veremos también en la música conforme analizamos su evolución.

Periodo Clásico o Clasicismo Vienés (1750 – 1820)

Recordemos que éste es el periodo que da nombre a todo el género de la música clásica y es sin duda porque a este periodo pertenecen los compositores más populares del género: Mozart y Beethoven. El periodo Clásico fue un periodo de cambios políticos y culturales, fue durante este periodo que se dieron la Revolución Francesa y la Independencia Norteamericana. La moda y el arte se volvieron menos rebuscados e igualmente la música tuvo cambios. La música del periodo Clásico fue en general una música menos compleja que la del Barroco, de textura más clara, principalmente homofónica (la homofonía es una textura musical donde dos o más voces se mueven simultáneamente formando acordes). Durante este periodo creció el tamaño de las orquestas, aumentó el tipo de instrumentos musicales empleados y con esto y el avance tecnológico de los instrumentos se logró mayor rango y poder en el sonido. También durante este periodo se establecieron formas musicales clásicas como la sinfonía, la sonata y el concierto clásico. Este es también el periodo en el que el clavecín –del que hablamos en el Barroco– fue sustituido por el Fortepiano, la primer versión del instrumento que después se convertiría en el piano actual.

¿Por qué le llamamos también a este periodo Clasicismo Vienés? Pues por la ciudad de Viena, en Austria, donde surgió la Escuela de Viena, una corriente estilística que dominó la música de este periodo y a la que pertenecieron Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven. Haydn era maestro de Mozart y después fue maestro de Beethoven, los tres se desarrollaron en la ciudad  de Viena, que era en ese tiempo un centro cultural. Esta ciudad experimentó un boom económico por lo que tenía una alta población rica y aristocrática, y como nos ha enseñado la historia, los artistas se agrupan en lugares donde existen personas con poder económico para financiar su arte. Durante este periodo y el anterior, el Barroco, se podría decir que los aristócratas más que financiar la música como forma de arte la financiaban como forma de entretenimiento, es decir, aún no se consideraba a esta música como una forma elevada de arte y de cultura. Los músicos tocaban en casinos o teatros donde no había el silencio ceremonioso que hoy asociamos con una cámara de conciertos. La música era un entretenimiento para acompañar las interacciones sociales, la gente platicaba y ordenaba a los meseros mientras los músicos hacían su labor. También había conciertos más pequeños que los propios músicos hacían en sus casas, ¿te imaginas comprar un boleto para ir a la casa de Mozart a escucharlo tocar?

Concierto en la casa de Mozart en Viena.

Concierto en la casa de Mozart en Viena. Imagen de Getty Images.

Empecemos pues por orden cronológico y escuchemos primero algo de Haydn, quien como mencioné fue maestro de Mozart primero y después de Beethoven, no coincidieron al mismo tiempo. Vamos a ver un video de la Orquesta Filarmónica de Berlín interpretando el Segundo movimiento de la Sinfonía n.º 94 HOB. I: 94 en sol mayor de Haydn, conocida comunmente como “La Sorpresa”. Veamos si descubres la sorpresa antes de que termine el primer minuto:

Después del “piano” ese acorde “fortissimo” que escuchamos en el segundo 42 fue planeado por Haydn como una forma de sorprender a su público, una treta publicitaria para generar expectativa. ¿Piano? ¿qué no eran unos violines al principio? Sí, pero aquí no estamos usando la palabra “piano” para referirnos al instrumento sino como un término de dinámica musical. La dinámica musical hace referencia a la intensidad del sonido a través de distintos grados (Pianississimo, Pianissimo, Piano, Mezzopiano, Mezzoforte, Forte, Fortissimo, Fortississimo y otros). La pieza empezó en “piano” (débil) y al segundo 42 el acorde (conjunto de varias notas sonando simultáneamente) es “fortissimo” (muy fuerte). El resto de la pieza es una buena representación del estilo musical de este periodo, si te fijas la música es mayormente homofónica, sí hay algunas polifonías por ejemplo a partir del minuto 2:45, pero es en general una composición sin demasiado contrapunto, es fácil de entender, es accesible; quizá esta sea la razón por la cuál la música de este periodo se volvió tan popular.

Pasemos ahora a hablar de uno de los grandes genios que recuerda la historia, Mozart. Se dice que Mozart fue un genio por varias razones, una de ellas es que fue un niño prodigio, desde los cinco años tocaba el piano, el violín y ya componía. Otra es que famosamente tenía habilidad para aprender piezas musicales con tan sólo haberlas escuchado una vez y tenía una gran capacidad de improvisación y de composición en cualquier momento. Muchos han tomado las partituras escritas por su puño y letra como un ejemplo de su genialidad, ya que casi no tienen correcciones ni cambios –a diferencia de lo que se ve con otros compositores–, lo cuál sugiere que cuando Mozart componía sacaba de su cabeza la música como si estuviera “escuchando la voz de dios”, dicen algunos. Por cierto Mozart no componía sentado en el piano sino en un escritorio, no necesitaba estar jugando con el piano para elaborar sus composiciones, todas las notas salían directo de su mente. Y qué mejor forma de comprobar su genialidad que escuchando su música, empecemos con la Serenata n.º 13 para cuerdas en sol mayor, conocida comunmente como Eine kleine Nachtmusik (una pequeña música nocturna).

Es increíble el dinamismo, de esta pieza, notemos por ejemplo la velocidad con la que cambia de ideas musicales. Los primeros 7 segundos son una idea, del segundo 8 al 17 otra idea, del 18 al 30 otra, del 31 al 48 otra, del 49 al minuto 1:01 otra. En un minuto hay 5 distintas ideas musicales, en perfecta armonía y con perfectas transiciones.

Escuchemos otra pieza de Mozart, ahora el primer movimiento “Molto allegro” de la Sinfonía n.º 40 en sol menor, K. 550, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Sir Simon Rattle. Esta sinfonía tiene la estructura en cuatro movimientos representativa del periodo Clásico: rápido, lento, minuet y rápido (Molto allegro, Andante, Menuetto, Allegro assai).

A diferencia de la forma en la que se dirigen las orquestas en la actualidad –como lo que vemos en el video–, en los periodos Barroco y Clásico la orquesta era dirigida por el músico que tocaba el clavecín, el primer violín o el piano; por ejemplo Mozart no dirigía la orquesta parado frente a ella sino sentado en el piano. El director de orquesta es una de las figuras que todos reconocemos cuando se habla de música clásica, su figura ha sido incluso un tanto caricaturizada por los excéntricos aspavientos que algunos usan al dirigir, por ejemplo el venezolano Gustavo Dudamel –a quien veremos dirigir más adelante–. Pero ¿qué hace el director?, su trabajo es, como lo indica su nombre, dirigir de forma simultánea a todos los músicos de una orquesta para interpretar una pieza musical, establecer el tempo (la velocidad con la que debe ejecutarse la pieza) y organizar la entrada de los distintos grupos de instrumentos en cada parte de la pieza. El director se comunica con los miembros de la orquesta con gestos y movimientos, empleando opcionalmente una batuta, que es una varita que sirve como extensión del brazo del director para hacer más grandes y notorios los movimientos. Cada director tiene su propio estilo, gestos y movimientos.

¿Has notado que siempre menciono quién está interpretando cada pieza musical? Esto es porque en música clásica es tan importante el compositor como el intérprete ya que es el intérprete (la orquesta, ensamble o solista) quien le imprime un estilo propio a la pieza musical. Puedes escuchar la misma pieza interpretada por dos orquestas distintas y notarás diferencias.

Hablemos ahora de otra de las grandes figuras de la música clásica, Beethoven. Este compositor tuvo uno vida un tanto tortuosa. Su padre, músico también, ha sido descrito como un tirano que obligaba al joven Beethoven a ensayar sin descanso. Una gran tragedia que sufrió este personaje es que a partir de su adultez comenzó a perder gradualmente el oído hasta terminar completamente sordo. Beethoven se convirtió en su época en el paradigma de lo que ahora reconocemos como el genio excéntrico: desaliñado, reservado y distraído, dicen que su departamento era un caos y que llegaron a detenerlo confundiéndolo con un vago.

Escuchemos ahora una de las piezas musicales más famosas e interpretadas de la música clásica, la Sinfonía n.º 5 en do menor, op. 67. Esta sinfonía consta de cuatro movimientos (Allegro con brío, Andante con moto, Scherzo: Allegro y Allegro) y fue creada y estrenada a inicios del siglo XIX. En el siguiente video en el que la música es representada gráficamente vamos a poder apreciar el carácter homofónico con el que inicia la pieza y quiero además que notes lo que yo refería al inicio de esta parte de la publicación cuando mencioné que la orquesta en este periodo tenía más rango y poder.

Las dos sinfonías más populares de Beethoven son la quinta y la novena así que pasemos ahora a escuchar el cuarto movimiento de la Sinfonía n.º 9 en re menor, op. 125, conocido como la Oda a la Alegría.

Estas dos piezas de Beethoven son muy contrastantes, la primera da una sensación de suspenso, un sentimiento un tanto ominoso mientras que la segunda causa más una sensación de alegría y bienestar. ¿A ti cómo te hicieron sentir?

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